La responsabilidad social corporativa (RSC) es un punto de las relaciones públicas que me gustaría tratar por su desarrollo, la magnitud adquirida y el poder que mueve y, antes de nada, resaltar que el fin de la entrada que dejo aquí no es el de criticar o deshumanizar la profesión de las relaciones públicas sino denunciar las prácticas e intereses de las empresas que son las que, al final, exigen una serie de objetivos al departamento o encargado de sus rr.pp, mero transmisor o adaptador de comunicación.
La RSC es una nueva forma de dirigir la empresa, que va más allá de sus obligaciones legales y que le otorga mayor prestigio e imagen a ésta.
La empresa socialmente responsable es transparente, humana y preocupada por asuntos sociales, culturales, medio ambientales…Y este perfil es el que muestran hoy numerosas empresas a través de su publicidad, su página web, sus eventos, su acción social…mediante los cuales transmiten sus intereses en ayudar a los más pobres o necesitados, cuidar el medio ambiente, denunciar las malas condiciones de trabajo, la esclavitud… La pena es que todo esto se queda, en la mayoría de los casos, en palabras o más bien en titulares, imágenes, promesas, logotipos…que se vuelven en contra de la imagen de la propia entidad cuando salen a la luz sus verdaderos actos: explotación infantil, engaño, muerte, deterioro del medio ambiente, pobreza, abuso…
Parece por tanto que las empresas poseen dos caras, por un lado aquella con la que se autodefinen, creada con la pretensión de que identifique a la marca, y por otro, la que se va construyendo con sus actos y que se va desvelando gracias a la labor de investigación y denuncia llevada a cabo por algunas organizaciones en particular y por los medios de comunicación en general.
Ciertamente, Joel Bakan en su libro Corporation dice que el principal y único objetivo de toda empresa debe ser aumentar beneficios y no ayudar al mundo ni centrarse en la responsabilidad social corporativa. Pero no se les pide a las empresas que creen eventos, organicen actividades de acción social y ayuden al mundo por encima de su aumento de beneficios; sólo y sobre todo se les pide que no permitan la violación de los derechos humanos; que no engañen, que no exploten, que no maten. ¿Es esto demasiado para las grandes corporaciones a las que les sobran recursos, dinero y poder?
Me abstengo de poner ejemplos porque todos conocemos muchos casos y, sinceramente, y desgraciadamente, mi lista no acabaría nunca y, no sabría además a quién asignarle el primer puesto en esta carrera de, diría yo, “Irresponsabilidad Social Corporativa”.
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