Así, si las marcas son capaces de crear algo que la gente quiere poseer, probablemente estos objetos penetrarán en sus espacios privados y se convertirán en pertenencias de valor que conservarán toda la vida o que irán renovando con ansias, siendo reflejo de lo que uno es, lo que le gustaría ser o lo que le gustaría aparentar. Este es el poder de la imagen de marca.
Podríamos remontarnos hasta 30 años atrás para explicar el surgimiento de este concepto.
Antes, la principal preocupación de las empresas era fabricar artículos, cosas; la empresa triunfante era aquella que tenía más productos, más "ejemplares" de estos, más empleados...Hasta que en 1980, numerosas fábricas comenzaron a tener problemas, inflación...tenían demasiadas propiedades, trabajadores, demasiadas cosas. El proceso de producción comenzó a verse aquí como un estorbo y no ya como la clave del éxito. Esto llevó al cambio que ha ido evolucionando hasta nuestros días: se dejaron de fabricar cosas para construir marcas.
Y desde entonces, la empresa que menos cosas poseía, la que menor número de empleados tenía y la que producía imágenes más potentes, y no productos, era la que ganaba.
Y hoy esta idea está reforzada y, me atrevería a decir, explotada, gracias al desarrollo de la comunicación, la publicidad, las relaciones públicas y todas sus técnicas y herramientas.
En definitiva, las empresas pueden fabricar productos pero lo que los consumidores compran son marcas.
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