La acción social se ha convertido en un aspecto esencial de las relaciones públicas y, hoy en día, en un requisito necesario para toda empresa. Hoy es una necesidad mostrar al público su implicación con el mundo, con los grandes problemas, con la sociedad; en definitiva, mostrar lo que llamamos Responsabilidad Social Corporativa (RSC) (a pesar de que luego deba denominarse en muchos casos Irresponsabilidad Social Corporativa, como he dicho en entradas anteriores).
La acción social consiste en toda acción voluntaria, llevada a cabo por una empresa, que contribuya a mejorar o a impulsar aspectos importantes en una sociedad o soluciones a grandes problemas; hay que mostrarse responsable más allá de las propias áreas de intervención. Suelen hacerse a través de eventos o también mediante contribuciones económicas ligadas a la educación, la salud, la cooperación al desarrollo, la cultura, la infancia, el deporte, la ecología…
Son estos ámbitos en los que trabajan las grandes empresas para ayudar a la sociedad pero sobre todo para dar una buena imagen corporativa al mundo, mostrar su lado más humano y social y, de este modo, conseguir alcanzar sus objetivos empresariales y económicos.
Se trata por tanto de intentar mostrar un perfil ético y solidario al mundo, respaldándose con acciones sociales, contribuciones económicas con organizaciones y asociaciones, eventos y publicidad de todo ello, para, una vez más, construir o pintar esa imagen de marca y su RSC.
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